Relatos

Éxodo

La dulzura se hizo harapos. Jirones de tierra estéril y sed añeja.
La sangre se secó en su paladar hasta perder totalmente el gusto y la sal. Y el frío… el frío se impuso a las áridas bofetadas de un sol en lo alto, para abrir brechas sobre su piel, para trenzar de miedo sus cabellos.

Se desgarraron los días entre el estruendo, y vivir se convirtió en un continuo éxodo. La huida sin retorno del que camina sólo para no perder el aliento. Pasos sobre el polvo y la piedra, hollando los senderos, desangrándose en cada peaje. Pies que se arrastran, venciendo el trecho que tiene como origen el terror y único destino la esperanza de una vida que, aunque entre perdida y asfixiada, quizá todavía consiga exhalar.

L'exode

“L’exode” por Fanny Ferré
Fotografía de *Modimo* (vía flickr.com)

La carne de la que abre el camino se despedaza, se vuelve andrajos. El viento, las sirenas y los silbidos le desmenuzan el alma, pero en su espalda… en su espalda todavía se cobija calor. Aquel que alimenta la hilera de ojos vítreos y miseria que vaga tras ella. Un manojo de hambre y huesos que han renunciado a pensar. Que confían en su estela como única certeza. En sobrevivir, como única dignidad.

Sigue caminando, bella y hermosa.
Deja atrás las veredas, donde se apagan los latidos de los que ya hieden bajo el sol.
Sigue caminando. Deja atrás los llantos, casi mudos, de los que ni siquiera han conseguido morir.
Resiste, bella y hermosa. Respira el aire que aún sobrevive y sueña esta noche con silencio, esperanza y color.

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Relatos

Nana

Las horas se topan con el brusco descenso del día al infierno de las tinieblas. El relente de la oscuridad que ya acecha, llega para calmar las heridas de una tierra árida y estéril. Una llama se contonea y muere, acto seguido, ante la brisa fugada de unos labios. El tiempo comienza a caminar con la torpeza propia de un moribundo y en la noche, ya sólo se percibe su hilo de voz:

Escucha el murmullo del tiempo que se aleja tranquilo,
camino del sol que ya el horizonte acomoda,
camino de la luz vencida.
Escucha, pequeña, los susurros del tiempo huido.

Respira el sigilo que anticipa y dintela el ocaso.
Olvida el día y sus perennes ausencias,
olvida las voces, las lágrimas todas.
Respira, pequeña, el recién tornado mudo ruido.

Descansa, y rasga con tu sueño la piel de mi pecho,
para así desleír tus temores entre mis manos baldadas.
Para que abandonen por siempre, tus heladas mejillas.
Descansa, pequeña, y que exhale mientras el miedo su postrero suspiro.

Permite que me evapore, serena y silenciosa, yaciendo a tu lado.
Que hoy mi sueño se convierta en quimera,
aquella que acompañe a tu alma dormida.
Permite, pequeña, que aguardemos juntas el amanecer venidero.

Duerme calma, hasta olvidar todo lo aprendido. Sin desvelo
que yo me encargo, mi niña, de hallar esta noche morada
en la que resguardar tu conciencia.
Duerme, pequeña, que juntas mudaremos el día por infinito sueño.

Y, un paso tras otro, los caminos se vacían de vida, de respiraciones cansadas, de trayectos que buscan dejar a su espalda un horizonte desierto de luz.

Y allí, donde el tiempo enloquece de pura calma y el mundo deja de blandir sus armas vencidas, allí ya no hay más que silencio. Ya no hay más que el rítmico vaivén del pecho de la niña, sobre el seno de ella. Nada queda. Se ha fundido en las sombras, el suspiro del último ser que quiso descifrar cómo muere un día.

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Relatos

Promesa

AIDS in Asia por Zoriah

AIDS in Asia por Zoriah

Si te pido que me lleves allí, justo allí, donde la luz todavía encuentra ganas de vencer…. prométeme que silenciarás mi deseo con una caricia suave y un beso que cierre mis párpados.

Si mañana, cuando el cielo mude en  luto, sostengo la piel clara de tu mano y la llevo hacia mi pecho vencido… prométeme que atusarás mis cabellos, prométeme que no querrás sentir mis latidos.

Si te hablo, si te observo mientras permaneces impasible ante mí y se fuga un tequiero… prométeme que responderás con silencio. Júrame que se lo tragarán los muros de piedra, que perecerá diluido, asfixiado.

Promete que estarás aquí, entre ella y yo, y dejarás que todo sea noche y frío cuando ella lo quiera. Que olvidarás todo lo que me ha hecho humana: las lágrimas; el escalofrío, si era tu mano la que flirteaba con mi espalda; aquella sonrisa; los ojos vidriosos de pura emoción… promete que me recordarás como polvo, no como piel.

Escúchame por última vez, por favor. No hagas que desee quedarme. No perturbes mi mente vencida. No desplaces al olvido que ahora ya casi me abraza. Prométeme que serás silencio, que seré silencio, que sólo habrá frío.

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